Antes de empezar, déjame dar las gracias de corazón aquienes seguís ahí después de tantos años y más de 160 episodios compartidos.En esta nueva etapa, En casa con María pasa a tener un ritmo mensual: nosencontraremos el primer sábado de cada mes. Un formato que me permite seguircuidando cada episodio y elegir muy bien los temas y las conversaciones quequiero traerte. Gracias por seguir acompañándome, independientemente de lafrecuencia, porque esa fidelidad es la verdadera razón de ser de este podcast.
Y hoy arrancamos esta nueva etapa con un tema que me parece especialmente interesante.
Cocinar acompañado triplica la emoción de alegría en nuestrocerebro. Es una de las conclusiones de un estudio reciente presentado por IKEAjunto a investigadores de varias universidades. Hoy voy a charlar con IKEA y con representantes de las dos universidades implicadas.
El estudio subraya que la calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y devivir el momento presente. Y, sin embargo, cada vez comemos más deprisa, mássolos y más distraídos. Estudios de mercado en varios países europeos indicanque cerca de un tercio de los consumidores comen habitualmente solos, también en España.
Como te decía al comienzo, IKEA ha presentado recientemente el estudio “La ciencia de lo que se cuece en la cocina”, fruto de dos investigaciones complementarias.Una de ellas, bajo el título “Identificando las emociones en los hábitos culinarios con IA y equipos biométricos”, ha sido liderada por la Sociedad Española de Neurología y la Universidad Rey Juan Carlos. Vamos a empezar hablando precisamente de esa parte del estudio con Ana Reyes, catedrática de Comercialización e Investigación deMercados en la Universidad Rey Juan Carlos.

Desde los orígenes de las sociedades humanas, comer juntos ha sido mucho más que alimentarse. Compartir comida es uno de los rituales sociales más antiguos que conocemos. La antropología lo explica de una manera muy clara: cuando los seres humanos transforman los alimentos y los comparten alrededor de una mesa, ese acto deja de ser puramente biológico y se convierteen cultura.
A lo largo de la historia, la mesa ha sido también unespacio donde se organizan las relaciones sociales. En muchas culturas no solo importaba qué se comía, sino dónde se sentaba cada persona, quién servía, quién empezaba a comer o quién presidía la mesa. Todo eso reflejaba jerarquías, poder o estatus, ya fuese en la familia o en las instituciones.
De hecho, durante siglos, comer solo fue algo poco habitual.La mayoría de las comidas se hacían en grupo: en familia, en comunidad o incluso en el trabajo. En el mundo rural europeo era frecuente comer juntos en el campo durante la jornada laboral. La comida individual, rápida y en solitario es un fenómeno relativamente reciente, ligado a la urbanización y a los ritmos laborales modernos.
La segunda investigación que forma parte de este trabajo se titula “Impacto de la Digitalización en losHábitos Alimentarios” y ha sido desarrollada por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (el CIBEROBN), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, junto a IKEA. De la mano de este estudio, profundizamos en cómo las pantallas están cambiando nuestra manera de comer,nuestra forma de relacionarnos en torno a la mesa y también nuestra salud emocional.
Para ello hablamos con Fernando Fernández-Aranda,subdirector del CIBER-OBN y coordinador del estudio.
En las culturas mediterráneas aparece además un elemento muy interesante: la sobremesa, que tanto disfrutamos. En España, Italia o Francia la comida no termina cuando se acaba el plato. Continúa con esa prolongación de la conversación relajada que puede durar horas si las personas están a gusto. Investigadores que estudian la cultura alimentaria mediterránea han señalado que ese tiempo compartido forma parte del valor cultural de la comida, no solo el menú y los alimentos.
Y hay otro aspecto interesante que a veces pasa desapercibido: el propio diseño del hogar refleja cómo comemos. Durante mucho tiempo las casas tenían cocinas separadas y comedores formales. Hoy vemos cada vez más espacios abiertos, cocinas integradas en el salón y formas más flexibles de compartir la comida.
El diseño doméstico también moldea la manera en que nos relacionamos alrededor de la mesa. IKEA incorpora precisamente esta mirada en el estudio, planteando cómo el diseño de los espacios puede favorecer o dificultar esos momentos de encuentro. De todo ello hemos hablado con Manuel Delgado,director de Diseño, Retail e Interiorismo de IKEA en España.
