Hoy hablamos de ese rechazo que aparece en casa cuando toca hacer las tareas domésticas: fregar, limpiar el baño, el horno, planchar, quitar el polvo. Y aparece no porque seamos vagos, sino porque tendemos a evitar aquello que nos resulta desagradable, repetitivo o poco gratificante.
Las tareas de la casa no son infinitas, pero a veces lo parecen. Todos los días deshacemos la cama, cocinamos, nos duchamos. Recogemos y, al día siguiente, vuelta a empezar. Esa sensación de ciclo continuo pesa más de lo que creemos.
En Reino Unido, datos recientes de YouGov señalan que planchar, limpiar el baño, quitar el polvo o sacar la basura están entre las tareas que menos gusta hacer, y la limpieza del horno aparece de forma recurrente entre las más evitadas.
En España, el Centro de Investigaciones Sociológicas ha medido el tiempo diario dedicado a las tareas del hogar en días laborables, lo que confirma que el trabajo doméstico sigue siendo un factor relevante en la organización cotidiana de la vida.
En este episodio quiero entender qué hay detrás de esta resistencia cotidiana, desde el enfoque de la psicología. Para ello me acompaña en En casa con María, Sergio García Gil, psicólogo sanitario fundador del gabinete INTROSPECTIA Psicología.
